La nueva Reforma Laboral eliminó la Ley 27.555 de Teletrabajo, vigente desde 2020. Ahora las condiciones del home office dependerán de acuerdos entre empleados y empresas, sin un marco regulatorio específico.
La aprobación de la Reforma Laboral impulsada por el Gobierno abrió un fuerte debate en torno al futuro del trabajo remoto en Argentina. Entre los puntos más discutidos aparece la derogación de la Ley de Teletrabajo, una normativa sancionada durante la pandemia que había establecido derechos y obligaciones específicas para quienes trabajan bajo modalidad home office.
Con la nueva legislación, el teletrabajo deja de tener un marco regulatorio propio y pasa a depender de acuerdos particulares entre empleados y empresas, además de las disposiciones generales de la Ley de Contrato de Trabajo. El cambio genera incertidumbre tanto en el sector sindical como entre especialistas en derecho laboral, que advierten sobre posibles conflictos judiciales y pérdida de garantías para los trabajadores.
La Reforma Laboral fue promulgada el pasado 6 de marzo luego de ser aprobada en el Congreso durante las sesiones extraordinarias. El proyecto regresó al Senado el 27 de febrero tras modificaciones en artículos vinculados a licencias por enfermedad y finalmente obtuvo 42 votos afirmativos, 28 negativos y 2 abstenciones.
Además del teletrabajo, la iniciativa introduce modificaciones en convenios colectivos, indemnizaciones, vacaciones y mecanismos salariales, con el argumento oficial de flexibilizar el mercado laboral y fomentar nuevas contrataciones.
Uno de los puntos centrales de la reforma es la eliminación de la Ley 27.555 de Teletrabajo, aprobada en 2020 en plena expansión del trabajo remoto producto de la pandemia de coronavirus. Hasta ahora, esa normativa garantizaba derechos específicos para quienes desarrollaban tareas desde sus hogares o de manera remota. Entre ellos, se encontraban: derecho a la desconexión digital, compensación de gastos (internet, electricidad, equipamiento), igualdad de trato respecto a trabajadores presenciales, y posibilidad de solicitar el regreso a la presencialidad bajo ciertas condiciones.
Con la derogación de la ley, estos puntos dejan de estar expresamente contemplados dentro de un régimen especial y pasan a quedar sujetos a negociaciones individuales, acuerdos internos o interpretaciones judiciales. En la práctica, especialistas advierten que muchas condiciones laborales podrían variar según cada empresa o convenio, generando escenarios muy distintos entre trabajadores que cumplen funciones similares.
También se eliminan otras normativas históricas vinculadas al trabajo a domicilio y algunos artículos específicos de la Ley de Contrato de Trabajo relacionados con invenciones realizadas por empleados.
La desaparición del marco específico de teletrabajo genera preocupación principalmente por la falta de reglas claras. Uno de los aspectos más sensibles es el derecho a la desconexión digital, ya que sin una regulación concreta podrían multiplicarse situaciones de disponibilidad permanente fuera del horario laboral. A eso se suma la incertidumbre sobre quién deberá afrontar gastos vinculados al trabajo remoto, como internet, computadoras, electricidad o mobiliario. Antes, esos costos debían ser compensados por las empresas; ahora, dependerán de lo acordado entre las partes.
Otro punto clave es el regreso a la presencialidad. Con la ley anterior, el trabajador tenía herramientas legales para solicitar volver al esquema presencial bajo determinadas condiciones. Ese derecho ya no queda garantizado de manera explícita.
Desde el sector empresarial, en cambio, destacan que la reforma otorga mayor flexibilidad para organizar esquemas laborales híbridos o remotos sin tantas obligaciones regulatorias. Sin embargo, expertos sostienen que la falta de una normativa específica podría derivar en más conflictos judiciales a futuro. La principal preocupación es que muchas situaciones quedarán abiertas a interpretación, lo que podría traducirse en reclamos laborales más extensos y costosos para ambas partes.
Mientras tanto, el debate continúa abierto. Sindicatos y abogados laboralistas anticipan que la discusión sobre el futuro del home office recién comienza y que la Justicia tendrá un rol clave para definir los nuevos límites del trabajo remoto en Argentina.
