El uso de vapeadores en Comodoro Rivadavia experimentó un notable incremento, especialmente entre jóvenes de 18 a 23 años. Comerciantes reportan que las ventas se duplicaron en los últimos meses, impulsadas por la moda, la variedad de sabores y la reciente regulación nacional.
El uso de vapeadores en Comodoro Rivadavia dejó de ser una práctica aislada para convertirse en un fenómeno cada vez más visible, especialmente entre los jóvenes. Si bien estos dispositivos electrónicos existen en la ciudad desde hace varios años, comerciantes y usuarios coinciden en que el verdadero auge comenzó hace apenas dos o tres años, en paralelo con una creciente tendencia social que los posicionó como un elemento de moda.
La reciente decisión del Gobierno nacional de regular y habilitar la comercialización de vapeadores en Argentina terminó de consolidar un mercado que, en la práctica, ya venía creciendo de manera sostenida. En Comodoro, el cambio es evidente tanto en la cantidad de puntos de venta como en el perfil de quienes los consumen.
“Antes los usaban más que nada personas mayores de 30 años, generalmente gente que quería dejar de fumar cigarrillos tradicionales y creía equivocadamente que era una opción más saludable”, explicó un vendedor local consultado por ADNSUR. Sin embargo, ese perfil cambió drásticamente en poco tiempo. “Hoy vemos muchos chicos de entre 18 y 23 años que los compran. Muchos los empezaron a usar en el boliche, como para estar a la moda. No eran chicos que fumaban cigarrillos y se cambiaban al electrónico, sino chicos que directamente no fumaban y empezaron con esto”, señaló.
El fenómeno también está vinculado a la evolución del producto. Según detallan los comerciantes, la variedad de sabores y diseños tuvo un impacto directo en el aumento del consumo. “La variedad de sabores antes era más acotada y ahora es mucha, y esto también fue aumentando el consumo, por la curiosidad”, indicó el vendedor. En ese sentido, el componente social juega un rol clave. “Muchos adultos, de más de 30 años, compraban porque un amigo los usa, lo probaron y de repente quisieron uno también. Es algo que se contagia bastante”, agregó.
Los números reflejan con claridad este crecimiento. “Antes se vendían quizá 15 o 20 en un mes, y hoy más de 50 por lo menos. Hay meses que incluso superan ese número”, afirmó. A esto se suma una mayor diversificación en la oferta: existen modelos descartables, recargables y de alta gama, con diseños personalizados y múltiples funciones.
En cuanto a los precios, el mercado también muestra amplitud. Los vapeadores más comunes se consiguen entre 30.000 y 50.000 pesos, mientras que los equipos de mayor calidad o prestaciones pueden alcanzar valores de entre 60.000 y 100.000 pesos. La mayoría son recargables y permiten cambiar líquidos con distintos sabores, que van desde frutas hasta combinaciones dulces o mentoladas. “Hoy el cliente busca más experiencia que otra cosa”, explicó el comerciante. Y agregó: “También influye mucho lo que ven en redes sociales, donde hay una movida grande con esto”.
Sin embargo, mientras el consumo crece, también lo hacen las advertencias desde el ámbito de la salud. Neumonólogos y cardiólogos coinciden en que, lejos de ser una alternativa inocua, los vapeadores representan un riesgo significativo. Especialistas explican que estos dispositivos contienen sustancias químicas que pueden afectar los pulmones y el sistema cardiovascular. Aunque durante años se los promocionó como una opción menos dañina que el cigarrillo tradicional, estudios recientes demostraron que también pueden generar adicción y provocar enfermedades respiratorias. “Hay una falsa percepción de que son inofensivos o menos peligrosos, y eso no es así. Tienen nicotina en muchos casos y otros compuestos que afectan la salud”, advierten profesionales médicos. Además, remarcan la preocupación por el aumento del consumo en jóvenes que no tenían antecedentes de tabaquismo.
En este contexto, Comodoro refleja una tendencia que se replica en distintas ciudades del país: el crecimiento de los vapeadores como producto de consumo masivo, impulsado por factores culturales, comerciales y sociales. Con un mercado en expansión y una regulación reciente que los legitima, el desafío ahora pasa por la información correcta, la prevención sanitaria y entender que, más allá de no ser un cigarrillo tradicional, tiene efectos nocivos en la salud a largo plazo.
