Un vecino de Loncopué falleció tras ser atacado por chaquetas amarillas mientras cortaba leña. Expertos explican cómo prevenir incidentes con esta especie invasora presente en la Patagonia.
La reciente muerte de un vecino de Loncopué, tras un ataque de chaquetas amarillas, volvió a poner en alerta a la región. El caso reavivó la necesidad de conocer cómo prevenir este tipo de situaciones.
En diálogo con medios locales, la especialista en salud ambiental Irene Roccia, directora del Laboratorio de Zoonosis y Vectores, explicó que estas avispas —presentes en gran parte de la Patagonia— no atacan por agresividad, sino por defensa. “La mayoría de los incidentes ocurren cuando, sin darnos cuenta, pisamos o golpeamos un nido. Ahí reaccionan y pueden atacar en grupo”, detalló.
El episodio fatal ocurrió mientras la víctima realizaba tareas de corte de leña y, de forma accidental, habría perturbado un nido. Este tipo de situaciones es frecuente, especialmente en zonas rurales o de monte, donde los nidos suelen estar ocultos bajo tierra.
En la mayoría de los casos, las picaduras provocan dolor, hinchazón y ardor localizado, síntomas que suelen desaparecer con el paso de las horas. Sin embargo, el verdadero peligro aparece en personas alérgicas: el veneno puede desencadenar reacciones graves como edema de glotis o shock anafiláctico, cuadros que pueden ser mortales en cuestión de minutos si no se recibe atención médica inmediata. Además, el riesgo aumenta cuando hay múltiples picaduras.
A diferencia de las abejas, las chaquetas amarillas pueden picar varias veces y también morder. Incluso, al atacar liberan sustancias que atraen a otras avispas, lo que puede desencadenar ataques masivos.
En el norte neuquino, la presencia de esta especie —Vespula germanica— también genera complicaciones en la vida cotidiana. Pobladores y crianceros advierten que su proliferación dificulta tareas como la faena o la conservación de alimentos, además de afectar a otras especies como las abejas, de las que se alimentan. Se trata de una especie invasora, introducida desde Chile en la década del 70, que logró expandirse con facilidad debido a la falta de depredadores naturales. Su presencia se intensifica en otoño, cuando disminuyen sus fuentes de alimento y aumentan su actividad en busca de recursos.
Ante este escenario, los especialistas insisten en que la prevención es clave. Recomiendan extremar los cuidados en actividades al aire libre: no dejar comida expuesta, mantener la basura cerrada, limpiar bien los espacios y, en caso de detectar un nido, evitar intervenir. También sugieren colocar cebos o trampas lejos de los lugares de permanencia para reducir su presencia y, ante una picadura con síntomas graves, acudir de inmediato a un centro de salud.
