La asociación publicó una reconstrucción digital de cómo se vería hoy el niño, que tenía 10 años cuando desapareció en un camping de Comodoro Rivadavia el 1 de enero de 1997. La iniciativa busca mantener vigente el caso y facilitar su identificación.
La desaparición de Hernán Soto, un niño de 10 años, marcó un antes y un después para la ciudad de Comodoro Rivadavia. El hecho ocurrió el 1° de enero de 1997, mientras la familia disfrutaba de un día de camping. Treinta años después, la asociación Missing Children Argentina compartió este lunes en sus redes sociales una imagen actualizada que reconstruye digitalmente el rostro de Hernán a sus 39 años.
El objetivo de esta herramienta, utilizada en cientos de casos de niños desaparecidos en el país, es mantener el caso vigente y facilitar que alguien pueda reconocerlo en cualquier lugar. Con el paso del tiempo, la búsqueda ha incorporado nuevas tecnologías. A diferencia de los primeros años, donde las herramientas eran limitadas, hoy las redes sociales permiten una difusión masiva en minutos.
Para la familia, estas imágenes no solo son un recurso de búsqueda, sino también una forma de sostener la esperanza de que Hernán, hoy un adulto, pueda ser identificado y reencontrarse con los suyos. «Se cometieron muchos errores y hoy te puedo hablar como una experta», reconoció Marcela, madre de Hernán, en una entrevista en 2021.
Hernán era el mayor de cuatro hermanos. Aquel día, tras almorzar, los niños fueron a bañarse a la pileta y él se quedó cuidando la ropa. Al regresar, no estaba. Un primo relató que le había dado dinero para comprar una gaseosa en la proveeduría del camping, pero nunca se pudo confirmar si llegó a entrar al lugar.
La búsqueda comenzó de inmediato y la familia permaneció en el lugar durante 20 días consecutivos. El 3 de enero se hallaron marcas, huellas y dibujos de Hernán en una estancia vecina, que su maestra pudo identificar. También se encontraron huellas de adultos. Hernán sufría de epilepsia, lo que marcaba su forma de aprender y dibujar.
Su madre contextualiza la búsqueda con las herramientas de la época: no había celulares y lo más avanzado era el fax. El lugar no se preservó para su revisión forense. «Entramos nosotros, los medios, los vecinos, todo el mundo, hoy sé que no se tendría que haber hecho», reflexiona.
Tras 20 días sin resultados, las fuerzas de seguridad sugirieron que continuar era en vano. A lo largo de los años, Marcela construyó una hipótesis personal sobre lo pudo haber sucedido, que la impulsa a seguir buscando. «También creo estar preparada para que me digan que lo mataron», expresó.
