Corrientes y Buenos Aires, dos fracasos en una semana. Lo que debía ser una muestra de fuerza electoral de La Libertad Avanza terminó en escenas de caos, protestas y evacuaciones. Primero fue Javier Milei en Lomas de Zamora, y ahora Karina Milei junto a Martín Menem en Corrientes: ambas caravanas se vieron interrumpidas por repudios y disturbios que obligaron a suspender los actos.
Un patrón de rechazo
El cierre de campaña en Corrientes, encabezado por la secretaria general de la Presidencia y el titular de la Cámara de Diputados, buscaba respaldar al candidato local Lisandro Almirón. Sin embargo, apenas iniciada la caminata en la peatonal provincial, un grupo de vecinos se manifestó en contra con gritos y empujones. La tensión obligó a que los dirigentes fueran evacuados en una camioneta oficial, escoltados por fuerzas de seguridad, mientras parte de la militancia libertaria quedaba dispersa en medio de la confusión.
El episodio se suma al fallido intento de Javier Milei en el conurbano bonaerense, donde la caravana terminó entre piedrazos, corridas y un presidente refugiado en un vehículo blindado. Dos actos diseñados para mostrar cercanía con “la gente común” se convirtieron en una postal de rechazo social.
Entre escándalos y descontento
El malestar ciudadano también se alimenta de la crisis política que atraviesa el oficialismo. Los escándalos por presuntas coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS) y los cuestionamientos a la gestión económica generan un clima adverso que se refleja en la calle. En lugar de apoyo masivo, las caravanas exponen un gobierno cada vez más aislado y con dificultades para sostener su narrativa de cambio.
Las imágenes de dirigentes corriendo para escapar de protestas contrastan con el relato de fortaleza que Milei intenta proyectar. Lo que debía ser un cierre de campaña triunfal se convirtió en un símbolo de debilidad política. A tres días de las elecciones en Corrientes, el oficialismo enfrenta no solo un desafío electoral, sino también un problema de legitimidad frente a una ciudadanía que ya no parece dispuesta a aplaudir ni a acompañar sus puestas en escena.