La Organización Mundial de la Salud confirmó un segundo caso de hantavirus en el crucero de expedición MV Hondius, que partió desde Ushuaia. Hay tres fallecidos y pasajeros evacuados, mientras las autoridades sanitarias mantienen monitoreo a bordo.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) confirmó un segundo caso de hantavirus en un crucero de expedición que navega por el océano Atlántico, tras haber salido desde Ushuaia, en la provincia de Tierra del Fuego. La actualización del organismo internacional profundiza la preocupación por un brote que ya dejó fallecidos, personas infectadas y pasajeros que debieron ser evacuados por complicaciones de salud.
El nuevo caso confirmado corresponde a una pasajera neerlandesa que murió el 27 de abril, según informó la empresa operadora del barco, Oceanwide Expeditions. A bordo del crucero viajan alrededor de 150 personas, entre pasajeros y tripulación, que permanecen bajo monitoreo sanitario mientras avanza la investigación epidemiológica.
El episodio se da en un contexto complejo, marcado por distintos eventos graves ocurridos durante la navegación. En total se registraron tres muertes: una pareja neerlandesa y un ciudadano alemán, además de otros cuadros compatibles con la enfermedad. A esto se suman dos tripulantes que presentan síntomas respiratorios: uno con evolución leve y otro en estado más delicado, ambos bajo atención médica urgente. Los afectados son de nacionalidad británica y neerlandesa.
En paralelo, un pasajero británico también contrajo hantavirus, fue evacuado del barco y actualmente permanece internado en terapia intensiva en Johannesburgo, Sudáfrica. Hasta el momento, no se detectaron nuevos casos sintomáticos entre el resto de los ocupantes del buque, aunque las autoridades sanitarias mantienen la vigilancia activa sobre toda la población a bordo.
El brote comenzó durante la travesía del crucero de expedición polar MV Hondius, que había zarpado desde Ushuaia con destino a Cabo Verde. Según los primeros reportes, en el barco se identificó el primer caso sospechoso. La confirmación de nuevas infecciones y la aparición de fallecimientos llevó a la intervención de la Organización Mundial de la Salud, que sigue de cerca la evolución del episodio en alta mar debido a la peligrosidad del hantavirus y su alta tasa de mortalidad.
El hantavirus representa una zoonosis causada por virus ARN pertenecientes a la familia Bunyaviridae. En la región patagónica, el principal reservorio natural es el ratón colilargo (Oligoryzomys longicaudatus). La transmisión al ser humano no ocurre de manera directa a través de una picadura, sino principalmente por la inhalación de partículas virales que se encuentran suspendidas en el aire. Estas partículas provienen de las secreciones del roedor, tales como la orina, la saliva o los excrementos. Cuando estos fluidos se secan en ambientes cerrados —como galpones, cabañas que permanecieron sin ventilar o depósitos—, el virus puede quedar suspendido en el polvo. Al ingresar una persona y remover ese aire, respira las micropartículas infectadas, iniciando así el ciclo de la enfermedad en el organismo. También existen registros de transmisión por contacto directo con el animal o, en cepas específicas como la ‘Andes’, a través del contacto estrecho entre personas en la fase inicial de la enfermedad.
El gran desafío del hantavirus radica en que su sintomatología inicial es inespecífica. El cuadro suele comenzar con fiebre alta (superior a los 38°C), dolores musculares intensos (mialgias), cefalea, náuseas, vómitos y un malestar general que el paciente puede confundir con una gripe común o, en tiempos recientes, con COVID-19. Sin embargo, la fase crítica sobreviene pocos días después. En esta etapa, el virus ataca el sistema respiratorio y cardiovascular, provocando lo que se conoce como síndrome cardiopulmonar por hantavirus. Esto se traduce en una insuficiencia respiratoria aguda, donde los pulmones se llenan de líquido y el corazón comienza a fallar. En este punto, la detección precoz y el soporte médico en una unidad de terapia intensiva resultan determinantes, dado que no existe un tratamiento antiviral específico, sino que se asiste al paciente para sostener sus funciones vitales mientras el cuerpo combate la infección.
Con información de Noticias Argentinas.
