El barril de Brent superó los 116 dólares tras nuevas declaraciones del expresidente estadounidense Donald Trump sobre Irán, generando incertidumbre en el mercado energético global.
El mercado internacional del petróleo registró fuertes subas este lunes, en medio de la escalada del conflicto en Medio Oriente y nuevas declaraciones del expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, que incrementaron la tensión sobre el suministro global. El barril de Brent, referencia en Europa, trepó hasta los 116 dólares con un avance diario cercano al 3,5%, mientras que el West Texas Intermediate (WTI) alcanzó los 101 dólares por barril, con una suba del 2%. En lo que va de marzo, ambos indicadores acumulan incrementos superiores al 50%, reflejando el impacto directo del conflicto en la percepción de riesgo energético.
Trump afirmó que buscaría «apoderarse del petróleo de Irán» y puso en la mira la infraestructura clave de exportación del país, en particular la terminal de la isla de Kharg, por donde sale la mayor parte del crudo iraní. El endurecimiento del discurso elevó la incertidumbre en los mercados, especialmente por el riesgo de interrupciones en el suministro. Irán es uno de los principales productores de la OPEP y cualquier afectación en su capacidad exportadora tiene impacto inmediato en la oferta global.
En un contexto donde la demanda global se mantiene firme, la posibilidad de disrupciones en Medio Oriente —región que concentra una porción significativa de la producción mundial— genera una reacción directa en los precios.
Para la Argentina, el nuevo nivel del crudo abre un doble efecto. Por un lado, mejora la rentabilidad de los proyectos de shale oil en Vaca Muerta y fortalece el perfil exportador del país. Por otro, introduce presión sobre el mercado interno de combustibles, donde las empresas buscan evitar traslados bruscos a los precios en surtidor. En este contexto, las operadoras locales monitorean la evolución del precio internacional y su estabilidad en el tiempo. La experiencia reciente indica que, ante subas abruptas, las compañías tienden a diferir los ajustes hasta confirmar una tendencia sostenida, con el objetivo de evitar impactos inmediatos sobre el consumo.
